CON TU PAREJA NO JUEGUES A SER ADIVINO

Tu pareja no es adivina, así que dile qué quieres, lo que te hace bien, qué no tanto. La estés conociendo, adentrándote en su mundo, esa órbita de misterio de dos. O, ya que la conozcas bien y ella a ti. Con tu pareja no juegues a ser adivino.

Pregúntale qué disfruta. Presta atención. No hay que ser obsesivo, con ser atento basta.

Si hiciste algo poco delicado, admítelo, discúlpate. La humildad es la sal de una buena relación. Evita falsas explicaciones que ni tú te crees. No hay ungüento eficaz para las manchas de la evasión.

Si hizo algo por ti, para ti: reconócelo, agradécelo.

No importa que no sea perfecto, tú tampoco lo eres.

Además, en esa imperfección está el secreto y la oportunidad de la mejora.

La mejora es conocerse más. Conocerse más es pensar y hacer por alguien que no seas sólo tú. Tú no eres sino hay un otro.

Tu familia, tus amistades tampoco son adivinas, así que trátales con la delicadeza de la consideración, como si fueran tu pareja.

No. Con tu pareja no juegues a ser adivino. Jueguen a ser felices. A ser humanos que se aman.

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