Si quieres más, no te detengas

HAMBRE DE VIDA

Cuando no se tiene hambre, no se come, al menos no con ese apetito, esa voracidad imparable que anuncia, que delata hambre de vida.

Igual, idéntico, pasa cuando una idea no prende, cuando un proyecto no tiene fuerza para imponerse, para superar la parálisis, cuando flaquea el ánimo para el vamos.

La idea endeble puede ser llama confusa, impulso voraz, que enerva y asusta, pero efímero, fruto del arrebato. Se desvanece si no alberga tu esencia.

En tal estado surge un raquítico y fugaz deseo. Un pasito aquí, otro desganado después, y ya el cansancio apremia, falta el fuego, y quieres descansar.

Tienes que sentir que ardes para recorrer todo el camino. Tibio no basta.

La tibieza es como la bruma: indefinida, confusa. Es la claridad lo que permite ver, es la combustión, la que echa a andar.

Sólo cuando tiemblas de emoción, cuando tiritas de intranquilidad es que emerge el impulso real. Pura potencia de los sentidos, corres, vuelas. ¡Qué diferencia!

El obstáculo, brasa es. En medio del vendaval cantas, avanzas.

¡Quién te detiene!

Ahí, justo ahí, en esa cuerda tensa de fervor el baile aparece. Justo ahí, sediento, contrae tus fibras. Que seas sólo uno, uno potente, y lánzate.

No más lánzate.

Que los días, los minutos, el aire y hasta el mismo sol no te sorprendan gris, mustio, pesimista.

No te devanes en métricas engañosas, en metas ilusorias, anémicas de desafío.

Guárdate fiero, feliz, con verdadera hambre de vida para la lid decisiva, la que encumbra, la única capaz de saciar con creces tu ambición de ser.

No comas de más, aleja las sobras, no comas aquello que no te alimenta, que te embota.

Abre tu boca cuanto puedas. Toda tu alma abre y llénate de esa vida, regálate ese banquete que tú, sólo tú, sabes que te mereces.

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