Si estás contigo, no estás solo.

NO ESTOY SOLO, ESTOY CONMIGO

Si nos retiramos voluntariamente, por un tiempo, no es soledad, es decisión propia. Es intencionalidad de auto acompañamiento, saber que eres una individualidad; necesitas a los demás, pero tienes tu espacio propio y lo aprovechas. Es cuando dices: no estoy solo, estoy conmigo.

El valor de los otros, su presencia, contar con ellos, es una medida de la independencia propia. Necesitas encontrarte, saber quién eres para estar con otros.

En el proceso de socialización individual hay una inevitable presencia de los otros: familia, educadores, pares, de ahí vamos siendo humanos vinculados, interdependientes.

Querer y exigir el derecho de estar solos es una necesidad íntima, no una conducta anormal, como algunos suponen. No implica rechazo hacia alguien, no es signo de que se tiene problemas.

¿Qué nos enseñan las crisis en la infancia? La naturalidad de la rebeldía, la búsqueda de la reafirmación propia. Diferenciarnos. Estar solos es, entonces, una condición para el crecimiento.

Cuando esta necesidad se obstruye, las consecuencias sociales y en la salud no se hacen esperar: desamparos, miedos, pérdida de la autoconfianza, dependencia emocional, invalidez.  Posibles trastornos depresivos, adicciones, en fin, un conjunto variado de limitaciones que apuntan a la disfuncionalidad.

La soledad, por su parte, es una vivencia negativa, desagradable; es no tener contactos sostenidos con personas significativas, la incapacidad para establecer relaciones enriquecedoras aun cuando estemos con otros.

La sensación de soledad es una situación extrema que se da cuando se ha perdido la capacidad de estar solos, cuando no se encuentra un sentido.

Quien construye relaciones enriquecedoras y aprende a estar consigo mismo no se sentirá solo, estará consigo mismo.

Aprender la diferencia esclarece, alumbra, permite analizar qué quieres, qué pasa con tu vida. Si sabes retirarte hacia ti, te regulas, te dominas, eres tu dueño. Algo puede fallar cuando la soledad te asalta. También, por qué no, es una preciosa oportunidad de crecer: la aflicción sólo sorprende y paraliza a quien no está atento.

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