¿QUIÉN TOMA LA DECISIÓN?

Te sientes paralizado, en una horrenda y callada quietud. No se puede decir que retrocedas; pero tampoco avanzas, y de eso se trata: de un paso adelante hijo, aunque sea un pasito, que nunca tu norte sea el mismo lugar.

Levanta la vista: ¿te acuerdas el horizonte que soñaste?

Más, hete aquí, fijo, sufriendo. En vacuo estoicismo.

No sabes qué hacer, o sí sabes, sólo que no te atreves; es distinto, muy, muy distinto.

Sabes que tu vida se ha vuelto aburrida, monótona, que ronda el sinsentido; no eres ajeno que requiere un cambio, pero, ¨hacia dónde, qué podría hacer a esta altura de mi vida¨. El cambio te parece aterrador y ahí quedas, lamiendo el dolor, saboreando el fracaso.

Estás en una relación sentimental, no te sientes bien, quisieras terminar, pero aguantas: ¨qué sería de mí, cómo rehago mi vida¨.

Ya el trabajo que tienes no te satisface, el clima laboral no es bueno, encuentras que la relación entre lo que das y recibes no te parece justa: ¨cómo encontrar algo mejor, tranquilo, sigue aquí, total¨, te dices.

A veces se suele pasar por largos y sufridos periodos de cavilación, de qué hacer; más no se es capaz de actuar conforme a lo que se quiere para sí. Se deja, con toda intención, que el tiempo corra, si vuela: mejor, así tanto pensar no exprime.

Se supone que este, o una fuerza externa, tal milagro, resuelva los problemas, los enredos que sólo uno debe desenhebrar.

Tomar decisiones puede no ser fácil, sobre todo cuando implica cambios significativos, cuando la costumbre ha sido que otros, que las circunstancias decidan por ti. Sin embargo, es la única posibilidad de que puedas acercarte a ser tú, a labrar tu camino.

Tomar decisiones puede doler porque acarrea la posibilidad de riesgo, de que las cosas no te salgan como quieres, de que el remedio pretendido sea peor que la enfermedad que agonizas.

Tomar decisiones es, no obstante, la vía fundamental para la independencia de criterio, para el actuar genuino.

Tomar decisiones propias es, sobre todo, un acto de justicia contigo mismo. Es manifestar respeto por quien eres.

Bien visto, ¿por qué alguien tendría que sustituirte en lo que es tu responsabilidad para con tu bienestar?

¿Por qué renunciar a tu independencia y seguir siendo un objeto, alguien que va de un lado a otro sin criterio propio?

¿Por qué la autoflagelación, que aumenta la sensación de minusvalía, de que no puedes?

Aprende a tomar decisiones, no importa el temor que sientas, empieza de a poco por la más sencilla: ve creando el hábito desde la práctica diaria.

Sé progresivo, interioriza cómo te sientes, rectifica, vuelve una y otra vez.

A tomar decisiones se aprende.

Aprende a ser el timonel de tu nave, conducirla orgullosa al puerto de tu felicidad.

Se puede, sí, se puede porque:

Vivir es la Meta

6 comentarios en “¿QUIÉN TOMA LA DECISIÓN?”

  1. Muy buena reflexión no se puede ser resistente al cambio , a la transformación , si hay que hacerlo adelante, si no sale bien, se intenta de nuevo, uno debe ser el protagonista y nadie más.

  2. Comparto çiento por ciento. Las decisiones pueden ser difíciles, pero a largo plazo más difícil es quedarse inmóvil, inactivo. Asumir riesgos también es válido, trae consigo aprendizajes vitales. Eso es la vida y se enfrenta y se vive de esa manera!!

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