Di no al consumo, no recaigas

VOLVER O NO A CONSUMIR

¨Yo estuve 10 años bien, luego de mi rehabilitación. Después del fracaso de mi primer matrimonio encontré una buena mujer. Un día compartíamos, contentos; tuve la mala ocurrencia de probar un poquito de alcohol, sólo un poquito. Ahí fue cuando fallé. Otra vez la temible recaída en mi adicción. Volver o no a consumir. Así se planteaba mi dilema¨.

¨En la última etapa me gastaba millones de pesos en consumo, robaba. No salía de mi casa, cuando lo hacía, era sólo para comprar: $ 500 000 de un golpe. ¡Una barbaridad! Me la pasaba encerrado, tenía miedo de todo, de todos, creía que me estaban buscando: la policía, traficantes, no dormía. Ya no disfrutaba la droga, sólo que no podía dejarla. Hasta en mi casa andaba con pistola. ¡Imagínese!

¨¿Ud. cree que sea posible rehabilitarse, conoce gente que se haya mantenido en el tiempo?¨. Es una pregunta recurrente que trasluce mucha ansiedad, mucho miedo. Consumidores y familiares claman por una respuesta.  No quieren perder la esperanza.

Más o menos este es el drama de muchos consumidores problemáticos de drogas y alcohol. La incertidumbre, profunda angustia y desconfianza en sí le acompañan. La culpabilidad por su fracaso y el daño causado, los hace presa fácil del desaliento.

Si bien no existe una respuesta única al fenómeno de la recaída, sin dudas aumenta notablemente cuando es muy baja la percepción de riesgo.

En este caso aparece un exceso de confianza no sustentado en análisis realista de las capacidades para tomar decisiones sobre si poder consumir y cuánto. Sobreviene un pensamiento mágico de control similar a la tradicional conducta adictiva, ¨yo sí puedo controlarme¨. Esta debilidad en el examen interno lleva al adicto a ¨darme la pasá¨, o sea, a trasgredir la norma, la zona de peligro.

Es un momento crucial: la valoración de las consecuencias dirá si seguirá consumiendo o no.

De vuelta al consumo pueden ocurrir tres situaciones:

Que no pase nada, haya autorregulación, se reconozca la situación excepcional y se tomen las medidas para que no se repita.

No tener control en ese instante, lo que es muy frecuente, dando paso a retomar el consumo habitual, o, incluso, más acentuado.

El aventurado pueda controlarse y quede con la sensación engañosa ¨para mí no es un peligro, lo estoy demostrando¨. De esta manera comience a planificar sus hazañas de futuro consumo.

El exceso de confianza tiene bases comprensibles: se expresa en esfuerzos y actos propios de independencia, de probarse a sí mismo que se es capaz. Refleja cierto fortalecimiento de la autovaloración. Sólo que en la mente del ex consumidor se confunde el sentido de la fortaleza cuando se combina con los deseos de consumo. Emergen recuerdos placenteros de ¨una buena vida anterior¨ y resistencia a la creación de nuevos estilos de vida.

El acto de independencia no está, como suele creer, en probarse que puede volver a consumir sin problemas. La fortaleza radica en liberarse de «hábitos de goce» nocivos e incontrolados.

Se es libre y autónomo sólo cuando se puede sustituir lo viejo dañino, aparentemente beneficioso, por lo nuevo realmente saludable.

Deja un comentario